Leer para escribir, escribir para vivir

Cuando tenía seis años quería ser astronauta, me fascinaba a la vez que intrigaba la idea de viajar al espacio, conocer otros mundos,  apreciar la tierra “desde fuera” me imaginaba descubriendo nuevos planetas como “El Principito” visitando galaxias cercanas, haciendo contacto con verdaderos extraterrestres. Tan solo la idea de poder flotar debido a la anti gravedad me emocionaba, pero cuando vi como el  transbordador Challenger  ardía en una inmensa bola de fuego desistí de mi deseo, era más el miedo a morir achicharrado que mi interés por conocer lo que había en el espacio. Sigue leyendo